Entrevista a Benigno Fernández

Como todos sabéis, este curso tenemos nuevo equipo directivo en el colegio. A Asun y a Cecilia ya las conocemos; ellas ejercen las funciones de directora y jefa de estudios, respectivamente. La novedad es que acaba de asumir sus tareas como secretario, Benigno Fernández (Beni).

En la presentación del curso 2014-2015 nos ha advertido que es muy locuaz. Así que hemos decidido aprovecharlo para el blog, y acercarnos a este maestro apasionado que, en apenas dos meses, tan popular se ha hecho ya entre sus alumnos.

IMG_3471¿Cómo es un día en la vida de Beni, compaginando el trabajo como secretario del colegio con la labor de tutor de veinticuatro alumnos?

Por costumbre, adquirida ya hace años, llego al colegio pasadas las ocho (vengo en autobús), echo un vistazo por el colegio y me pongo a preparar las tareas burocráticas del día: alumnos previsibles para el comedor (que luego César se encargará de ir por las clases para ver las variaciones del día), actualización de documentación que tiene preparada ya Asun, atender al teléfono (con la ayuda de César) y también organizar mi aula (soy tutor de 4º). Si ando bien de tiempo, bajo a saludar a los niños y niñas de la ludoteca. En fin, no me aburro para nada… A veces el teléfono empieza a sonar apenas llego y a las personas hay que atenderlas lo mejor posible.

Echando la vista atrás, en tu dilatada experiencia como maestro, ¿cuál es el principal cambio que ha habido en la educación en estos años?

Los cambios sustanciales no se producen como consecuencia de las leyes, aunque he conocido varias. Un cambio positivo ha sido, sin duda, la atención específica al alumnado que presenta diferencias, la llamada atención a la diversidad, lo que favorece a quienes de otro modo no podían ser tan bien atendidos, pese al esfuerzo de los docentes; además la incorporación a los centros del alumnado desde edades tempranas. Algún factor menos positivo, como es la idea de que la educación recaiga, en sentido amplio, en los colegios, cuando la responsabilidad básica recae en la familia, mientras que por otro lado se quiere influir desde ésta en lo meramente académico: o sea, cierta confusión de roles.

De vuelta al 2014, ¿qué entiendes hoy por “un colegio moderno”?

Los adjetivos, a veces, pueden ser inadecuados e incluso “peligrosos”, haciendo bueno aquello de “dime de qué presumes y te diré de que careces”. Prefiero hablar de un colegio que hace frente a los retos diarios, que prepara para la siguiente etapa educativa a corto plazo, y a largo plazo, con cierta perspectiva de futuro, para la vida en general del tiempo que nos tocará vivir. Todo ello anclado en bases lo más sólidas posibles y en unas competencias intelectuales y, sin duda, en unos valores lo más universales posibles. En síntesis, un colegio abierto al mundo actual y futuro, pero que arranca de la experiencia acumulada por generaciones anteriores.

Seguro que a menudo encuentras a antiguos alumnos que te recuerdan el sentido y el valor de tu profesión. Es desolador, no sé si lo has leído, el artículo del pasado 2 de noviembre en “El País”, “La apatía de un nini”. ¿En qué crees que está fallando nuestra sociedad para engendrar tantos jóvenes sin apenas formación, enganchados a la televisión, los videojuegos, entregados a la apatía y, lo que es peor, sin sueños?

Afortunadamente me relaciono, bien directamente, bien a través de las redes sociales (Facebook principalmente) con exalumnos y exalumnas que están ya en los cuarenta y pico años, y con otros más jóvenes de veintitantos y treinta y tantos, y la diferencia de perspectivas es tremenda entre los de cuarenta y los de veinte. Pues bien, yo tuve en clase a todos y trabajé parecido, pero el ambiente de estos últimos ha sido de menor exigencia familiar, de mayor permisividad social, y de menor responsabilidad de los dirigentes motivada por factores varios: hemos vuelto a la antigua Roma imperial, “pan y circo”, pero empieza a faltar el pan y el circo se ha convertido en corrupción, desencanto y falta de ilusión por el futuro. Los alumnos y alumnas que tuve en mis primeros años de maestro tenían un alto nivel de exigencia familiar, eran muchos en una clase (llegué a tener 42 siendo tutor de 6º en el año 1982) y, casi todos, tienen hoy un trabajo y han formado una familia. Los de veintitantos lo van a tener más crudo. En el artículo antes citado, “Selu”, el protagonista, pertenece a los de veintitantos. Creo que hay que volver al nivel de exigencia de los ochenta, tanto en el colegio como en casa, y a una mayor austeridad en nuestras costumbres. Pero nos va a costar, porque necesitamos trabajar todos unidos (familias, centros educativos, instituciones políticas y sociales) y no recelar unos de otros ni contradecirnos. Se trata de sumar y, me da la impresión, de que a veces es más lo que se resta que lo que se suma. Y de cuentas, algo sé, especialmente, en esta nueva singladura que empiezo. Pero, en tiempos pasados, hemos salido de situaciones iguales o peores: soy optimista, o quiero serlo.

Ha sido muy sencillo encontrar a dos amigos que quisieron participar en esta entrevista. Vicente González Rucandio, compañero tuyo durante diez años en el Colegio “Fernando de los Ríos” de Astillero, te hace dos interesantes preguntas:

Teniendo en cuenta tu experiencia en los diferentes colegios en que has sido maestro, ¿qué sugerencias harías a los padres del alumnado del Colegio Cabo Mayor, por un lado, en su implicación de cara a la mejora en general de la calidad de la enseñanza del centro; y, por otro, a la hora de preocuparse por las tareas cotidianas de sus hijos en el ámbito concreto del aula en colaboración con su tutor/tutora y el resto de maestros que componen el equipo docente de la tutoría?

Las leyes, LOMCE incluida, sirven de poco si no se trabaja sobre el terreno: en el colegio y en la familia. A las familias no soy yo quien para meterme en sus funciones como educadores naturales (ya he tenido a mis hijas para esta función, y es difícil buscar una fórmula mágica), pero sí les pido, con todo el respeto del mundo, cooperación, sinceridad y lealtad mutuas (del colegio a las familias y viceversa), aprovechar todo lo que cada uno pueda aportar y dejar a un lado protagonismos en aras del interés común. En cuanto a las tareas cotidianas de sus hijos o hijas, pese a la falta de tiempo por las tareas laborales, supervisar lo que hacen cada día, leyendo la agenda escolar, acompañándoles y hablando con ellos y, en cuanto surja algo anómalo, poniéndose en contacto con sus tutores, tutoras o maestros/as responsables de cada área. Y, por supuesto, aportando sugerencias si se consideran pertinentes.

¿Qué valor concedes a las actividades tales como viajes de estudio, excursiones o salidas extraescolares (mal llamadas extraescolares porque lo escolar no debe reducirse a lo que se realiza en el interior de un edificio) como complemento al estudio teórico en el aula de los temas programados en el área social y natural?

Estas actividades son muy importantes y, efectivamente, no las tengo en mi esquema mental como extraescolares, y prefiero llamarlas salidas didácticas, ya que nos permiten aprender “in situ”, y el valor de este aprendizaje es más sólido que el meramente teórico, aunque este último deba ser tenido en cuenta. He participado en muchas salidas de este tipo, desde una duración de media jornada hasta semanas completas y , además, me gustan. Tienen el inconveniente del coste económico y del control en espacios desconocidos, pero las ventajas son mayores. Requieren colaboración familiar y tiempo por parte del docente. Tienen que estar bien diseñadas, en sus objetivos, en su desarrollo, en el aspecto logístico (autobús, lugares a visitar, alojamiento (cuando sea preciso) y, sin duda, en la seguridad de los niños y niñas. Son el colofón perfecto a ciertos temas, y sirven de punto de partida para otros.

Y desde el Colegio Cisneros de Santander, su director y amigo tuyo desde hace mucho tiempo, José Antonio Sánchez Raba, te envía su pregunta:

Todo lo que te ha pasado en la vida, ¿cómo ha influido para que seas el profesor que eres?

Pocas personas me conocen tan bien como José Antonio. Tuve una infancia muy difícil, pertenecí a una familia monoparental (con mis alumnos haría aquí un juego de palabras divertido), y en aquellos años sesenta esto era una desgracia tanto económica como social. Me vi, porque no había otra salida mejor, en un internado a los siete años, y un internado duro (os puedo enseñar algún libro editado sobre esto, en el que he colaborado) y que algún familiar de algún niño de nuestro colegio podrá corroborar porque también estuvo allí. Lo que más me gustaba eran las clases, sobre todo las que me daba mi maestra de allí, que se llamaba Angélica. Además yo había aprendido a leer y a escribir muy pronto, gracias a mi abuela, a mi madre y a la maestra de mi pueblo en Polaciones. A los ocho años ya tenía decidido que me iba a dedicar a enseñar a niños como era yo entonces, y que además quería ser padre de familia, alguien que yo no tuve, Y unos años después, conseguí ambos deseos. Eso sí, recorrí varios colegios , residencias e institutos, volví a casa a los 17 años a cursar Magisterio A los veintiún años ya tenía las oposiciones aprobadas y tuve mi primer destino en Matamorosa, y unos años después me casé y llegaron mis hijas, aunque en ese intervalo perdí a mi madre. Creo que he sintonizado bien con una mayoría amplísima de todos mis alumnos desde los veintiún años, y me he sentido querido por las familias de éstos. Para mí, el niño o la niña está por encima de todo, incluso (y no es un disparate) por encima de la ley; yo fui uno de esos niños (y creo que sigo siéndolo…) y me educaron bien, pero sin caprichos. A partir de ahí, el niño tiene derecho a que se le eduque lo mejor posible, a aprender todo lo que sus capacidades le permitan, a que se le escuche y a que escuche él a otros… Y como me gusta hacer eso, lo hago. Casualmente, el viernes pasado, el conductor del autobús 20, en el que vine a las ocho, era un antiguo alumno de Guarnizo. Y hasta alguna profesora de nuestro colegio, también…

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8 pensamientos en “Entrevista a Benigno Fernández

  1. Beni, te quiero mucho; lo sabes. Admiro tu afán de superación y esfuerzo ante las adversidades.
    Gracias por tu lealtad y complicidad durante tantas años: “Si hay que ir,,, se va”, pero qué utópica eres”. Nunca olvidaré tu comentario.

    • Muchas gracias. No me cabe duda de todo lo que dices. Hay que seguir haciendo frente a nuevos retos, con lealtad a las personas que confían en uno, y con cariño a los nińos y al trabajo. Lo demás es secundario, aunque importante..

  2. ¡Qué bonita la entrevista!
    Qué respuestas tan sinceras.
    Beni, ¡bienvenido!

    Muchas gracias a todos los que habéis colaborado en ella: entrevistador, entrevistado y demás colaboradores.

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