EN EL REGAZO DE UN SER QUERIDO.

Nueva imagen (1)madre y niña leyendo

Una eminente investigadora en el campo del aprendizaje de la lectura, Maryanne Wolf, escribió lo siguiente en e uno de sus libros:

“Imagínense la siguiente escena. Un niño pequeño está sentado, embelesado, en el regazo de un adulto querido, escuchando palabras que se mueven como el agua, palabras que hablan de hadas, dragones y gigantes de lugares lejanos e imaginativos. El cerebro del niño pequeño se prepara para leer bastante antes de lo que uno jamás sospecharía y utiliza para ello casi toda la materia prima de la primera infancia, cada imagen, cada concepto y cada palabra. Y lo hace aprendiendo a utilizar todas las estructuras importantes que constituirán el sistema de lectura universal del cerebro. A lo largo del proceso, el niño incorpora al lenguaje escrito muchos de los descubrimientos realizados por nuestra especie durante más de 2.000 años de historia. Y todo empieza en la comodidad del regazo de un ser querido.”

Esa precoz y cálida preparación para leer, que es la clave de los logros posteriores, se inicia en el momento en el que alguien se muestra ante los niños como lector. Su aprendizaje forma parte de una fascinación, de una primaria curiosidad por las destrezas de las personas que leen y les leen. Y en esa preparación, las personas que rodean habitualmente  a los niños actúan como guías, modelos e inductores. Cualquier niño, en el ambiente adecuado, se incorporará con naturalidad a las prácticas letradas que le ofrezca su entorno social y familiar. Los miembros de la familia son, pues, sus primeros referentes. No se olvide que los niños pasan muchas más horas en el hogar que en la escuela, de modo que el ambiente en el que crecen resulta determinante.

               Esa evidencia no quiere decir que los padres deban actuar como tempranos profesores de sus hijos o como personal auxiliar de los maestros. No es obligación suya enseñarles a leer y escribir. Si pueden ayudar a sus hijos a resolver dudas o a completar determinadas tareas escolares, deben hacerlo, lo cual no significa que deban convertir el hogar en una prolongación de las aulas ni que deban reproducir en casa tareas que incumben a los maestros. A las familias les corresponden otros cometidos tanto o más importantes.

               Uno de ellos, acaso el principal, es ofrecer protección, diálogo y estímulo. Para crecer con seguridad y armonía los niños necesitan sentirse queridos, comprendidos y alentados  en todos los ámbitos donde se mueven. La escuela es uno de esos ámbitos pero no es el único. El hogar puede ser, en ese sentido, más importante a veces. A menudo son más trascendentes las palabras y los gestos que dispensa la familia que las ayudas concretas en las tareas escolares. No todos los padres pueden ofrecer conocimientos académicos, pero todos pueden prodigar afectos y ánimos. En esa tarea estimuladora, el papel de la familia es fundamental.

leer1enfamilia

BIBLIOGRAFÍA:

Gasol, Anna. La familia, modelo e impulsora de la lectura. En:
CLIJ. Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil. Barcelona, 2005.
N.182. P.14-21.
 Marina, José Antonio. La magia de leer. Barcelona: Plaza & Janés,
2005. 162 p. ISBN 84-01-37936-9.
. Rico de Alba, Lolo. Cómo hacer que tus hijos lean: análisis y recetas.
Madrid: Alfaguara, 2003.165 p. ISBN 84-204-4406-5.
Puri, Directora

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